Cinema Paradiso ( espejo de la vida y el tiempo)


Ganadora del oscar a la mejor película extranjera en el año 1989, Giuseppe Tornatore dirigió esta entrañable y sensible retrospectiva centrada en el paso del tiempo y en los aspectos de la vida más significativos humanamente hablando.
Utilizando el cine como un catalítico medio de expresión para las imágenes y recuerdos de una vida (la vida de todo un colectivo entorno a un objeto de cultura de masas) y también como un espacio físico que conserva los sueños, el amor y la progresión de una vida desde la infancia hasta la madurez, Tornatore nos ofrece una de esas historias que toca muchos corazones por tratar temas de alcance universal: la infancia perdida, los viejos amigos y conocidos de un pasado irrecuperable, el sueño frustrado del primer amor de juventud y la identidad hallada en las raíces y los objetos que marcaron los primeros tiempos.
Esa mirada lírica y nostálgica sirve de amable y divertido soporte para una radiografía de la sociedad italiana que se extiende a lo largo de un periodo histórico (concretamente, la evolución desde el sistema fascista y el férreo control de conductas y conciencias mediante la tradición, hasta la época moderna del “destape” y demás transformaciones liberales) , acelerado y plagado de revoluciones, que introdujo muchas innovaciones en los estilos de vida. El edificio del “Cinema Paradiso” se convierte en espejo de la vida y el tiempo: su intencionado derrumbamiento final supone el fin de una etapa no solo para “Toto”, sino para todo un pueblo, para toda una generación y un estilo de vida, toda una época de ilusiones ahogadas por la violencia destructora de los cambios. No es, pues, la historia de Italia de forma exclusiva, es la historia de todos nosotros, especialmente dedicada a las almas cinéfilas que han visto el derrumbamiento y desaparición del tradicional cine de barrio, aquellas multitudinarias salas que se llenaban de niños gritones, palmateos estúpidos pero inocentes y manoseos en los oscuros rincones de la última fila de butacas y que hoy ha sido sustituido por las mercantilistas y frías multisalas situadas no en el barrio en el que crecimos, corrimos jugamos y compartimos pedazos de vida con amigos y amores de infancia, sino en cualquier centro comercial alienado de los espacios de la vida (y, consecuentemente, alienados de la atmósfera del calor y las relaciones humanas del hogar y la calle).
Imágenes repletas de un aliento humano cálido y sencillo, el ruido del proyector, los sonidos de una música, como la sencillez de la vida de un niño o la simpleza de la mente de un adolescente enamorado que espera día tras día bajo la ventana de su amor soñado. Ese conjunto de experiencias vitales se conjugan y forman un todo con el mismo cine, el verdadero hogar de nuestra alma. Tornatore homenajea el sentir y las necesidades del cinéfilo o de los hombres y mujeres simples y llanos que durante décadas disfrutaron del calor de la sala de un cine, a la par que reconstruye sus recuerdos bajo un cariz de amarga despedida.
“Y no vuelvas nunca, no quiero oírte, solo quiero oir hablar de tí...”. Como la presencia de lo recordado, que ya no forma parte de nuestro entorno real, pero constantemente revolotea en nuestra conciencia, haciéndose presente en la imagen de lo pasado. Como ese erotismo de besos y gestos de amor ocultos en el celuloide de tiras y tiras de material censurado que ahora se restaura a la hora del último adios.
Pero, no nos engañemos, pese a la eficacia y brillantez en sus intenciones más evidentes e inmediatas, “Cinema Paradiso”no es una película compleja ni profunda. Una cosa es que los temas tratados por una película sean profundos y otra es que el cineasta sea capaz de abordar esos temas con profundidad, con una mirada verdaderamente honda. Una cosa es la sensibilidad destilada en los significados inherentes a los motivos temáticos con los que juega Tornatore, otra cosa muy distinta es que sus recursos vayan más allá de lo expuesto en una pincelada honesta y eficaz. No es una película de autor, ni la obra maestra que algunos incautos han querido ver, y en realidad se mueve en el eterno cliché del hombre de éxito que retorna a la época desaparecida entre la marea de cambios. El mismo Toto encarna a la perfección ese estereotipo del hombre de éxito que recupera sus orígenes durante una fugaz experiencia. El resto de perfiles que se pasean en un constante baile circense de caracteres propios del mundo rural son un reciclaje y/o repetición de lo que Fellini hizo suyo con fascinante sentido de la nostalgia colectiva habitante de un universo lírico y ensoñador en “Amarcord”, uno de los filmes más increibles -por extraordinario - de la historia del cine.
La dirección y el sentido visual de Tornatore - generalmente, puede haber momentos de excepción - es bastante modesta, a menudo muy similar a lo que ofrece cualquier vulgar telefilme de recreación “retro“. Esporádicamente, pasamos de la sensibilidad a la cursilería (la viva representación de un estado del ser en el debido contexto y bajo la mirada distante pero honda a la vez es lo que caracteriza a la primera, el mero gesto forzado y superfluo para darle una eficaz pero banal progresión emocional al relato es lo que caracteriza a la segunda), siendo verdad, al fin y al cabo, que predomina ante todo el sentimiento sincero sin ápice de excesiva intención manipuladora. Y la banda sonora de Ennio Morricone, bella en líneas generales, por su abuso en escenas reiteradas, acaba resultando demasiado empalagosa.
“Cinema paradiso” es buen cine, cine, ante todo, de sensible humanidad, cine para vernos reflejados y reflexionar acerca de nuestras vidas, pero no hay que perder de vista que juega con unos lugares comunes sobre los cuales Tornatore no tiene la audacia para removerlos y conjugarlos hasta una mayor profundidad más allá del evidente factor emocional, tocando fibras tan evocadoras a nuestros temores como el amor, el tiempo y la muerte. En realidad es un producto de consumo fácil, y reconozcamos que no tiene demasiado mérito hacernos saltar las lágrimas de la forma en que lo hace, por muy eternos y universales que sean sus contenidos.

Etiquetas: drama












































