Fórum (I): de como John Rambo es mejor película que No country for old man.

Iniciamos una nueva sección que alternará con el ritmo habitual de este cuaderno. Los debates y dudas suscitados por la actualidad cinematográfica - o cualquier tema que se tercie sobre la marcha - serán expuestos con la mayor brevedad posible. Esperamos no aburrir demasiado al lector.
Andan las aguas un poco revueltas, así que será menester desglosar algunos apuntes sobre la actualidad cinematográfica, a vuelapluma, ciertamente el caso y los temas exigen mucho más, pero mejor será abreviar. Imágenes y Palabras siente un estremecimiento ante las calificaciones resultantes en los últimos filmes criticados, y corren voces desde distintos puntos de la blogosfera y más allá de ella que fustigan el trabajo que aquí buenamente intento hacer. ¿Pero qué pasa?. ¿Hemos perdido el norte?. ¿Qué ha sido del rigor y el elevado criterio que, en épocas pretéritas, hubieran puesto a John Rambo, Cloverfield y No country for old man en la correspondiente valoración y, sobre todo, diferenciación? ¿John Rambo mejor película que No country for old man?. ¡Venga ya!. ¿Dónde te has dejado, pardillo, el criterio de excelencia?. Sí, lo parece, y es autolavado de conciencia...uno no puede estar tranquilo viendo estos resultados. Seguimos aprendiendo lecciones.
John Rambo es una gran película. John Rambo cumple con la exigencia fundamental: que todos los acordes de Imágenes y Palabras, el conjunto desde sus partes, formen la melodía específica de género y ámbito. Sabe a dónde va y de dónde viene, como homenaje al mito en el que se inspira ( el guerrero solitario en el marco del cine de los ochenta, con todo lo que ello implica de bueno, de malo, de icono referencial), como juego entre géneros y tonos (western crepuscular, cine bélico, splatter) y como relato de acción sin tregua que además culmina como lo haría una gran película: sintetizando y situando a cada uno de los elementos y personajes en su correspondiente estado. Rambo que observa la sangría desde lo alto, distanciado de los personajes, subraya la soledad y - sin palabras, imagen que se expresa por sí misma - significa la definitiva redención del héroe: el cruce de miradas, el último adiós, el fundido de la imagen que nos lleva a la última secuencia, campo abierto, luz, dulce hogar y naturaleza que contrasta con la sensación de claustrofobia y las tinieblas del infierno-purgatorio en forma de jungla, hemoglobina y artillería. CINE, señores, con Stallone o sin él. Menos prejuicios, ya esta bien. No es, tampoco, película inofensiva ni sencilla de digerir, se ha dicho, y se siente, el desasosiego que queda al final, el reto que plantea a todo espectador sensible; violencia per se e irremediable. Nuestra conciencia no queda indemne cuando la vorágine de violencia esta desprovista de cualquier soflama maniquea.
No country for old man, diantre, es pura exquisitez visual, diseño escrupuloso del encuadre, el plano y la elipsis, pero el discurso debe ir de menor a mayor profundidad, hacia la conclusión y la síntesis. No lo digo yo, que ya les veo venir, lo dice el paradigma, el canon, o si lo prefieren, la evidencia de los clásicos. Pero el sheriff Bell no pone la puntilla al relato -esa “puntilla” que toda gran obra debe tener - sino que nos parlotea sobre algo que el espectador ya sabe. Muchos son los espectadores que testimonian (con criterio) que el personaje interpretado por Tommy Lee Jones NO funciona en ese conjunto. Y precisamente, con él comienza y con él termina la función, de ahí que sobre este personaje recaiga la mayor parte del peso. Es, cabe añadir, el personaje que guía al espectador y representa el sentido común en un mundo salvaje. Pero para eso ya existe la perspectiva del espectador, que es la contraparte - emergida como efecto de la información asimilada - de lo que en imágenes queda perfectamente expresado. Menos hubiera sido más. La obra de arte progresa, profundiza, se extiende y tiende hacia la síntesis resolutiva, pero nunca debe redundar.
Cloverfield es el caso más curioso, teniéndolo todo para parecer una chorradita sobre monstruo que persigue a humanos, otro relato trillado en torno a la psicosis post-11s. Sin embargo, hete aquí que un formato doméstico, utilizando los trucos de dicho soporte (el “salto” hacia atrás o hacia delante de la cinta grabadora), deviene en sofisticado lenguaje cinematográfico, crea el continuo en círculo de tiempo pasado y presente - con la consecuente interacción con el presente del espectador - crea, en pocas palabras, un celuloide de recuerdos y estados del ser. ¡Qué mejor elogio para un arte sostenido en el movimiento y la sucesión de imágenes registradas en celulosa!. Cloverfield es la primera película que ha elevado la técnica en cuestión (desde Holocausto Caníbal, Blair wicht project, hasta REC) a modo de expresión simbólica y figurativa. O sea, ARTE, no simplemente un reality que nada aporta más allá de la “sensación de realidad”. La “sensación de realidad” no tiene por sí misma ningún valor artístico si no se sostiene sobre un discurso figurativo (me lo recuerda cierto personajillo muy al loro de estos menesteres, pero, qué le voy a hacer, si tiene más razón que un santo). Hagan la prueba, enciendan el televisor y verán que entre REC y un programita de estos no hay diferencia alguna. Que es precisamente la diferencia que queda establecida en Cloverfield.
Y esto es todo de momento. Volvemos a la sala oscura a la espera de hallar novedades, y de confirmar que esto no es espejismo y el cine, verdaderamente, sigue ofreciendo buena y gran calidad, que desde hace temporada y media que no levantaba/mos cabeza. ¿Para cuándo una obra maestra?. Las obras maestras, ese extraño y fulgurante estado de perfección o trascendencia, son tan escasas, pasan años hasta que aparece alguna.
Etiquetas: Discusiones























4 Comments:
Absolutamente convincente; además de la convicción hace usted bien en añadir una brizna de apasionamiento verbal. Esta misma noche - via screener - me echo entre pecho y espalda el Rambo IV de marras. Expectante estoy, my friend. Vuelvo al verla y le cuento un extra mío. Mientras, saludos. Qué post más soberbio.
¿pues sabes lo que te digo? Que me has convencido. De hecho, No country... me pareció una peli normalita, no es para tanto. Y el bueno de Johny Rambo tiene un aire a Hannibal Lecter que me encanta.
Las películas ganan por su entereza en relación al propósito. John Rambo, además de la perfección técnica, es una de esas escasas películas en las que cada elemento juega su papel sin pretensiones ni excesos dialécticos (al contrario que No country for old man).
En el futuro será valorada como joya en bruto, ya lo verán. "No country..." será otra más entre las representantes del "apocalipticismo" tan de moda en el presente.
Me ha gustado tu razonamiento, pero creo que haces una mezcla perversa. El de los Coen es un cine personal de abstracciones y alegoría y pienso que el sherif Bell refleja la conciencia del espectador y, por ende,expresión de todo un estado de crisis. La ejecución de todo me parece impecable.
En fin, un gusto leerte.
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